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El desarrollo que pueda darse en nuestras localidades mucho tiene que ver no solo con lo que hagamos o dejemos de hacer sino también con nuestra capacidad de percepción de la realidad, que al fin y al cabo condiciona lo que hacemos. Ya Peter M. Senge nos decía en su “Quinta disciplina” que si ponemos una rana en una olla de agua hirviendo, inmediatamente intenta salir, pero si ponemos la rana en agua a temperatura ambiente se queda tranquila, si vamos elevando la temperatura de forma lenta y progresiva la rana no hace nada, a medida que la temperatura aumenta la rana estará cada vez más aturdida y finalmente no está en condiciones de salir de la olla (aunque nadie se lo impide la rana se queda allí y hierve). ¿Por qué? Sencillamente porque su aparato interno encargado de detectar amenazas a la supervivencia está preparado para cambios repentinos en el medio ambiente pero no para cambios lentos y graduales.
Algo similar suele ocurrir con el desarrollo rural: Si de un año para otro nos encontrásemos con localidades que mermaran en un cincuenta por ciento su población o aumentarán en un cincuenta por ciento su número de desempleados, activaríamos la alarma social y con ella la política, y casi con total seguridad se empezarían a tomar medidas al respecto desde todos los flancos implicados. Sin embargo, al igual que con la rana, la dificultad está en la percepción de procesos lentos y graduales. La percepción sistémica es la que nos permite percibir la totalidad, interrelaciones en vez de cosas aisladas, y sobre todo, ver patrones de cambio en vez de instantáneas estáticas.
De hecho casi todos conocemos localidades que en las ultimas décadas han mermado su población y han incrementado su número de desempleados en términos cuantitativos mucho más generosos que los expuestos anteriormente, sin embargo dichas localidades no han sido capaces de eludir el destino de la rana, se encuentran aturdidas y con pocas posibilidades de “salir” a pesar de que nadie ni nada se lo impide. Los agentes implicados no supieron ver procesos lentos y graduales, prestaban atención a lo evidente pero no a lo sutil.
El desarrollo rural tiene mucho que ver con el pensamiento sistémico. La capacidad de ver totalidades, de ver interrelaciones entre actores y cosas y la capacidad de ver patrones de cambio a nivel local son factores clave para encarar el susodicho desarrollo. Solemos culpar a las circunstancias externas por la falta de desarrollo rural (la mala suerte, el o los que gobiernan, el mercado, etc…) sin embargo no hay nada externo: nosotros y la causa de nuestros problemas formamos parte de un solo sistema, aquel que debemos percibir como totalidad, aquel en el que debemos indagar sobre sus interrelaciones, aquel en el que debemos percibir no solo lo evidente y lo sutil sino también sus patrones de cambio.
Solo cuando vemos la totalidad del rompecabezas o cuando contemplamos una marina a cierta distancia podemos apreciar que el valor está en la totalidad, en la relación entre los colores, en lo sutil o en el patrón de cambio de una ola al estrellarse contra una roca, todo esto observado de cerca (con lupa) no nos dice apenas nada. Quizás nos hayan enseñado durante mucho tiempo a estudiar con microscopio los elementos aislados y ya es hora de distanciarse para poder ver la totalidad, no obstante, si queremos eludir el destino de nuestra rana, tendremos que contemplar el desarrollo rural desde cierta distancia, desde la totalidad de actores relacionados que influyen en el mismo, desde lo sutil y desde la visión de los patrones de cambio que operan en nuestras localidades.
Categorías: desarrollo local
Tagged: desarrollo local, holística, rana hervida, sistémica
En las últimas décadas hemos podido comprobar la existencia de redes o estructuras multicéntricas que comprenden diferentes actores (personas, instituciones) vinculados entre sí a partir del establecimiento y mantenimiento de objetivos comunes. Hemos oído hablar de redes personales, redes empresariales, redes institucionales, redes de movimientos sociales, redes de NNTT etc. El uso de este término se ha convertido en algo tan común que a veces pasa por alto algo tan importante como el significado y la repercusión del mismo. Nos ha sido relativamente fácil asimilar el concepto de red como metáfora, sin embargo más allá de esta metáfora o del concepto estructural está la esencia metodológica de este modelo que es la que en ultima instancia garantiza y da sentido a la red, lo que realmente define este modelo debe ser la metodología de trabajo. El trabajo en red local conlleva una interrelación, al igual que una tela de araña todos los actores o agentes a nivel local son elementos fundamentales del tejido, todos ellos diferenciados, pero todos pueden estar unidos y conectados bajo una misma filosofía común, esto supone superar los conceptos de RED que se refieren a la colaboración puntual o periódica entre diferentes actores, la interrelación supone una acción común y coordinada desde la génesis del proyecto y ejecución del mismo, hasta su seguimiento y/o evaluación. La creación de redes no es un proceso casual sino deliberado y con un propósito compartido, es la base metodológica en el proceso de intervención y su consecución es garantía de éxito. El estudio de redes y desarrollo comunitario esta hoy en día en el punto de mira de cualquier tipo de organizaciones sin embargo genera y plantea una serie de cuestiones claramente relevantes: ¿Cómo construir redes? ¿Qué protocolos seguir? ¿Cómo mantener y desarrollar estas redes? ¿Cuál es el perfil necesario para garantizar el éxito en la construcción de redes? ¿Cómo rentabilizar el potencial de estas redes o estructuras subyacentes? Para empezar vamos a dibujar las razones por las que es conveniente este trabajo en red, como estrategia de desarrollo en el ámbito local: Sinergia de recursos.- Contar con más actores vinculados en un contexto de proximidad, confianza y compromiso supone una mayor movilización de recursos tangibles e intangibles. Democratización de prioridades.- La presencia de todos los actores supone un proceso de construcción de la realidad a través de las distintas realidades priorizando democráticamente aquellas parcelas de intervención que requieren mayor atención. Presencia pública sin estructura democrática.- Estas nuevas formas de intervención posibilitan la participación de las instituciones públicas sin las limitaciones que conllevan las estructuras burocráticas. Adaptación más rápida a la realidad social.- La horizontalidad de la red y la escasa burocracia hacen del modelo de trabajo en red un modelo más ágil y dinámico capaz de adaptarse y responder sin demora alguna a las necesidades sociales. Más coordinación y evitación de duplicidades y competencias.- A menudo podemos comprobar como la descoordinación, la solapación, las duplicidades y las competencias entre los diversos actores no solo entorpecen y dificultan el desarrollo sino que lo reducen considerablemente. En escenarios locales el verdadero desarrollo futuro pasa por el trabajo en red de los distintos actores. El sector empresarial, las instituciones publicas, asociaciones, y en general todos los agentes locales se verán obligados a entrelazarse para alcanzar los intereses comunes. Todos ellos de forma conjunta deberán realizar un análisis de la realidad, una reflexión de problemáticas, un diseño de planes, una puesta en marcha y desarrollo de los mismos, y un seguimiento o evaluación etc…) El desarrollo en escenarios locales implica la globalidad y consecuentemente deberá plantearse desde posiciones globales (todas las partes implicadas abordarán el todo desde metodologías de trabajo en red)
Categorías: desarrollo local · trabajo en red
Tagged: comunidades locales, desarrollo local, redes sociales, trabajo en red